domingo, 12 de febrero de 2017

A nuestra melancolía:

                                   - Texturada, nocturna, tenue y solitaria.
Preguntas sobre todo lo que ocurre y cada vez son más cosas de las que queremos distraernos.
Lo más importante cada día es aquello que te encuentra y si de otra manera no es, adios melancolía.
                                 - Descansada, diurna, ausente e inundada.
Con esa soledad que no es la esperada, conozco un tipo de soledad que me tranquiliza la existencia, ella es una sensación de estar conmigo misma sin necesitar tu aprobación, una soledad que me devuelve singular porque deja que aflore aquello honesto que puedo ser. Y hay otra soledad la que busca alejarse por no querer ser vista, por insegura, por envidiosa de otras compañías, por repudiante de lo propio, por inaccesible, por inundada de agua turbia y residuos de lo peor que imagino  me adhiere al vacío ajeno.
Cuando hicimos poesía junto al espejo, aconteció de manera partícular, por que entendimos (reflejo/reflejada) que el tunel al que iba, tratando de quedar a vivir a costa de extravío y soledad de la segunda opción, no escondía nada, oscuro, vacío y sin final. Cuando conversamos del túnel, hicimos una conexión poética que salvó a la reflejada y al espejo le dió poesía.
Fue cuando la palabra coincidió con la sensación (viento frío, nocturno y sin hogar).

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