jueves, 27 de septiembre de 2012

El sur de mi casa

Ah, pero dejarme descansar, dejarme dormir los soles como si no hubiera un tiempo determinado.
Pero dejarme dejar de agarrar los sentidos, quería decir que en el final o en el principio, que me impresiona ver el río, que me despierto plena de cerca cuando los árboles, el verde, el sol ingresando en la mañana que despunta a través de la tela opaca que me cubre de la tempestad, me sujetan y nos podemos respirar, mutuamente.
Y luego me viene a buscar una desolación ausente de palabras, me desnudo de vos, yo me quito la ropa ajena con premura, me quito las miradas de encima, hago como si, me disfrazo de parco discurso, me escondo tras los gestos que me separan del mundo.
Y empiezo a entender, venía sola desde un último silencio, cuando rugían los pensamientos retenidos de un país que era cerrado, algo ausente incluso pero sosegado en el externo devenir. Un traje, una segunda piel para habitar el mundo (espacio entre la sensación y el mundo...un espacio para resguardarte) y el deseo de ser descubierta, aun inaudita como no quería serlo. Maquinal, volverte al río, decían los sueños precipitados, derramados, caídos de la ausencia que presupone la noche. Maquinal, volverte cerro, espesura del viaje que nos aleja de las respuestas y las presiones, deshacer las miradas nocturnas, las miradas que acechan los lugares privados de mirador. Maquinal, por rechazados toques de la piel que no está llamando, por no filtrar un sólo gesto, máquina! no hay transparencia, hay texturas ... te va dejando el mundo tirada sin árbol en la estela de los propios días que suceden toda noche, que vuelve estéril a abrirte los ojos, otra vez no hay hijo, no hay fecundación. Dale! meté la cabeza adentro de esa fuente infinita de frescura, sacáte la sequedad de los besos que no querés dar, pues olvidada la poesía quedan enterrados los paraísos que reservas para el niño que solía venir a besarte los árboles de las ventanas que alumbraste para que otro dibuje un motivo. Sacá la piernas que está lloviendo y de modo torrencial, arrecia allá afuera donde pasan las cosas, donde el mundo ruge con la noche que anida relámpagos, de esos rugidos que son afuera y adentro, que sacuden y crecen y desbordan el ánimo de oscilaciones en la luz, que comienza a pendular mostrando que siempre es la misma muerte.
Mañana es simple siempre y es complejo por conformidad, preludio de las desaveniencias del tiempo, preludio en el cuerpo, premura en los sentidos por captar lo que se deshace por completo, alumbramiento, cuidado en las sensaciones, allí sucede el mundo, ciertamente el que nos desespera y nos calma, desde el cual podemos notar las noches y el constante engullirse de soles y de noches, del alba al crepúsculo, del verde follaje tiritando de sol, del total eclipse de los sentidos al celaje aparecido como anuncio del porvenir algo más calmo. Hasta allí, la verdad, la composición del mundo denotada en una tarde, somos el mundo.