lunes, 8 de agosto de 2011

te llevaste el sol


hoy a la tardecita





te llevaste el sol...

Hoy el cielo se volvió  plomizo. Y comprender que es también posible ver las copas de los árboles agitarse. Quebrar cuando sea preciso, dilucidar... lo que es preciso.
Recortar para definir, no obviar el corte;
Mostrar el sentido de la falta; es en esa dirección en la que se puede mirar con avidez de devorador, de deseante indeclinable.
Entonces...somos un país, una república dentro de una república. 
Comemos manzana en la mañana, perseguimos el sol hasta en el techo.
Buscamos, por todos los lados de la casa, que es el país de estos tiempos.
La casa que es el espacio que contiene espacios que son mundos posibles de verdad y tan ávidos de rompimiento, de fractura. Bordes de riesgo que en lo más sanador de esta existencia- en este país -son bordes sembrados con rosas carnosas.
Vamos cociendo, usando lo que hay habiendo, transformándolo. Qué más que nosotros mismos? Que más inmediato que el cariño de ser querido, la buena noche, el buen sol, la fortuna de tener un país.
No hay mundo, no hay mundo. Hay percepciones, intuimos el mundo. Cómo venir del río y sentarse en la piedra. El agua patinando la piel, rehuyendo la oscuridad, refractante piel desbordada de mañana y agua. Espejos en las piedras, sudan la tibia piel. Ásperas texturas, quizás los pies sumergidos dentro del arroyo, sumergida la existencia, en lagos, pendientes y cascadas. Con los pies sumergidos en el río, sueño el viento, la noche, la fiesta, el poniente. Con la mirada dispuesta en un río, despierto acantilados de arcilla que reflejanen el ocaso, la caída... todo lo posible. 
Suspendido temporal, me dibujo en el alfeizar de la ventana, la ventana me derrama la existencia de piedra hacia el color. Y sé de ser...entre el acantilado y mi cuerpo que es ventana, surge un país poblado de color, de cielos texturados que observo sumergida en el arroyo, arrasada de luz, de ruido, de temporal. Ve... que mires, lo que se deja ver.

Recuerdo sol.