viernes, 20 de febrero de 2015

Bordeador de límites

¿Mundo simbólico? Trasladar al lenguaje, volver a pensar-nos. Simboliza para que lo temible se vuelva aceptable o encuentra un verbo que lo vuelva otro. El lugar en el que terminamos es el borde del mundo. Creíamos en nada y sin embargo todo existía irremediablemente. Por eso chocan las corrientes y provocan el sinsentido, el borde explotado de las cosas. Te pego, te provoco… ¡Valida el mundo! Todavía necesitamos comprender lo que estaba puesto allí a la vista de todos pero desconectado de al menos un universo, no hay tierra; aseguraste que una corriente o quizás dos y que explote el sentido. Un cuerpo desvinculado, una casa sin razón, todo árido, tan árido y transpirado, agotado. Porque chocan las corrientes  ¿Una o dos corrientes? Todo explotado y sin nombrar. Indecible desconexión. Vamos a soñar la disgregación para que se ordene y calme el caos, entonces la ruina será bella y el brillo reluciente de tus copas y el perfume increíble de tus ropas y el perfecto encastre de los hierros que soldabas no será mejor que la imperfecta estabilidad, que el intento persistente de equivocarse y volver por una mínima mejoría. Te espera aquello  que observaste haciendo estallar las aves que circundaban la azotea, el tope de un pensamiento adherido, borrando el gesto singular de sentir y decir lo siento, aun te espera la comunión serena que encauza y contiene las corrientes que discurren , se entrelazan, se diferencian y viajan. En este mundo existe una tercera opción que reúne y conjuga, se vuelve otro, terceridad. Poesía para poder pensar.

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