domingo, 13 de abril de 2014

La quinta temporada

Lo eterno no era más que una ilusión desdibujada, por eso acaricié al jazmín.
Rogué: ¡Qué mi madre nunca muera! ¡Qué los hombres fueran por siempre!;
Y yo, correr por inmensos campos ensañada con el otoño, abrazada a las piernas de los mayores, plegada tibiamente, es decir acurrucada entre dos sillas en medio de los grandes. Si... creía en la luna que me regaló un gigante.
La travesía temerosa hacia lo otro, la noche seguiría siendo oscura.
Ahí, en ese lugar, este afán por señalar, que es posible que en tus ojos estés estando, ( mortalmente desgarrado)  tu angustia es cierta y la mía también.
Estoy esperando..PARADA...ESPERANDO, poder rozarte e impregnarme e impregnarnos así, exactamente, de ese modo, de cualquier cosa que sea cierta. Incluso también de toda la redundancia posible. Buen día, con la ropa grande, mi ropa de tu angustia (realizada), por lo erróneamente intuido- opaco de tu pensamiento, resultado de un error en las formas. Me dispuse a extrañarte y a decir...Para ser sincero, cuanta vanidad en una cara de dolor. Este es el recuadro final de las vacilaciones.
-tanta incertidumbre en los sueños, si supieras...- Seres  extraños en nosotros, el peligro. A punto de no ser.
Porvenir:  es encontrarse solo en el dolor
(2005, perdido y redundante inútil de rescatar, rescatado).





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