martes, 13 de septiembre de 2011

Pájaro


Cuando mirabamos de niños correr el río, mirabamos correr el tiempo;
observadores inescrupulosos, desatentos al quejido de la piel bajo el sol;
desobedientes tirapiedras jugando al deporte nacional frente al río que manso devoraba las
piedras ovaladas que lanzabamos;
expectantes, boquiabiertos, atentos solo a ese punto dibujado en movimiento
sobre el rìo.
Que vuelo rasante, que suave deslizamiento el de tu danza oval sobre el río de piedras.
¿Y será que el río es de piedras ovales?
¿y será que de engullir, de hurtar del aire las piedras brotaron las aves que vuelan rasantes ?
Buscando las preciosas piedras que en los mejores años fueron los ojos de la desobediente infancia- proyectados proyectiles-...Hacía adelante, uno...dos...tres...cuatro y un día no vimos hasta donde llegó el disparo. ¿Se habrá dormido en el río ? Cauce matutino del color de la infancia sorprendida a la orilla de un ave que será de la piedra el rio.
¿Y será del ave la tarde? Ella susurra recuerdos, como las piedras murmuran.¿ Habrá sido  el cauce de un pensamientos de arroyo, de infancia, poblado de rocas ovales, planas livianas, de colores multiples si las dora el sol o si se dejan bajo el agua. Presas del rio! del arroyo  la esperanza lanzada -el brazo no muy por fuera de la linea del hombro, màs  muñeca que otra cosa, el agarre es importante- allí lanzada la piedra se hunde y  del mismo lugar nace el ave.
Ave de esta tarde de madurez temprana, tardía, demorada, apurada, adormecida, hastiada e irrenunciable - pájaro! las  tardes de la existencia (toda) eres irrenunciable- provocas el recuerdo de las piedras que hurgaba mi mano hasta encontrar la adecuada, las texturas,la tibieza recordando el sol que acababa de premiarlas, las ovaladas piedras-  mientras los grandes lanzadores, los gigantes hacían piruetear sobre el agua, apenitas un poquito, lanzamientos dignos de los peces, de los héroes.
Como un rio dispuesto así..de esta manera, cauce de piedra y ave, cauce inevitable al que  seguir . Pareces conducirme el propio tiempo desobedecido.

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