domingo, 22 de mayo de 2011

Bajó la mirada, él

La otra tarde, estabamos por bailar, había algo intenso en el ámbiente. A veces es dificil describir con las palabras claras lo que el cuerpo en una mirada expresa como vehemente comentario de lo que vibra entre los espacios que se abren. Los espacios cuando se van abriendo van desnudando mundos nuevos, revelan miradas insospechadas, las bocas cuando se abren dicen de manera nueva, sorprende cuando las manos se expresan y cuando casi sin decidirlo nos expresamos juntos, se sorprenden mis pasos al percibirlo. Pero no se....  quiero contar los vaivenes de mis sensaciones que se inundan de cualquier cosa que las mueva. Yo fui subiendo despacio la mirada, sabía que en breve, en el recorrido comprendido entre las diez baldosas restantes y tu cuerpo de padre habían tan solo unos segundos, quizás unos acordes que venían a cuento de sacar afuera el drama escrito por otro antiguo, trágico, anacrónico; más acá hacia el presente, vívido, actual, contundente. El drama de los ojos, yo veía traslucir el dolor en los  ojos que estaban saltando, recorriendo el espacio, sosteniendo al compañero. Veía mi drama, eran unos pocos segundos nomás  e íba avanzando sobre el piso de cerámicos bordo con ribetes blancos, y seguía ese caminito trazado con decisión, aunque muchas veces creo que ignoramos cual es tal decisión, de todos modos sé,  de la determinación, sí, la de estar allí. Por detrás se va armando la figura que irá avanzando mientras mi cuerpo despliega el espacio trazado en linea hacia atrás, pero antes debo recorrer ese ínfimo rincón que me espera, el tiempo se vuelve hondo, inexpugnable, espeso- el tiempo es solo aire- espacio, liviandad, pienso en mi cabeza que pesa, que cae- cayendo hacia atrás- pero antes debo recorrer el pequeño espacio que resta, solo unos segundos más, quizás una vida entera para recorrer los centímetros de nos separan, ahora pasa algo detrás, lo percibo, percibo todo, me percibo balanceando mi peso, tengo que tomar una decisión, mi cabeza pesa y se va elevando baldosa tras baldosa, años de tiempo para mirar, una eternidad de sucesos que recorrer, unas vidas atravesadas por la ausencia de algo fundamental, no puedo decidir que es aquello, pero quiero, decido justo en la inmediatez, observar, te encuentro, son dos ojos.... que son los de todos, son dos claros ojos que son los tuyos, y también los de tu padre, los de mi abuelo, son los míos y los de mis hermanos, son tus ojos que cruzan y yo decido cruzarlos, desde mi recorrido que se detiene, quizás un segundo, milesimo, un segundo de treinta años o de sesenta o de la suma de todos los segundos y días, años eternos sucedidos en el discurrir del tiempo que se sumerge por dentro de las miradas. Vuelve a latir,  galopa, me atravieza tu historia por que sos mi padre y  en un corto espacio de tiempo- en el que vos bajas la mirada- un segundo que se vuelve hacia la eternidad. Sigo mi recorrido para caer hacia la linea trazada por detrás donde los cuerpos que miran, avanzan sucediendo el mar, ya recorrí este espacio, encontré lo nuevo y se hizo viejo, marchito, brilló.... vivió en la mirada, se hizo aire primero denso, luego liviana brisa, se me hizo carne y mi cabeza cayó hacia atrás

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