ventanas
Estoy en el colectivo, con la cabeza reclinada sobre la palma de la mano, la temperatura de la piel me recuerda que aquella vez, consideré que era necesario un relato, había vivido cosas magnificas en aquel lugar con ventanas al mar. Eramos artistas y bailábamos, cantábamos, inventábamos historias para encantarlos. Un compañero contó "La leyenda del tambor", una escalada hacia la luna; subí hasta allá. En sus palabras la noche fue profundamente azul y la luna inmensamente grande, clara, flotando, suspendida entre el viento que empezaba a rozar el cuero. ¿Qué entendiste? Me hablaste de la corriente eléctrica, dijiste que un cable y otro -positivo/negativo- la necesidad de la tierra y la ofensa. ¿Creíste que me estaba burlando? Quise llevarte hasta la luna como me llevaron a mi. Entonces te puse esta misma mano, que ahora sostiene mi cabeza, a serenar tu pecho. ¡No había agravio! Así deseo contar las noches, ahora que veo mi obra en otras manos y es pre...

Comentarios
Publicar un comentario